En el Blog de Javier Finkman se comenta un nuevo libro de R. Frank, “Economic Naturalist: In Search of Explanations for Everyday Enigmas”. Si bien es cierto que el primer capítulo del manual de microeconomica de Frank ya planteaba el punto del economista explorador o naturalista, uno no puede dejar de resaltar la oportunidad en la aparición de la nueva obra para aprovechar la moda de “me divierto con un libro económico/freak”. De hecho Javier describe muy bien esta nueva tendnecia.
Desde ya que las propuestas freaks son divertidas, amenas y uno agradece pasar un buen momento de lectura. Sin embargo lo que quiere remarcar que lo “sorpresivo” y “raro” no es el enigma en sí, sino más bien el abordaje elegido. Cualquiera que haya enfrentado un curso inicial de microeconomía se siente aturdido y atrapados por el enfoque de esta disciplina (¡qué más enigmático y freak que la elección racional entre manteca y cañones!) El impacto y la gracia se logran con la completitud del planteo: para generar intriga se necesita la pregunta “rara” y la respuesta (“¿rara?”) de la microeconomía clásica. (Esto es igual que un gag en la Comedia del Arte, para generar risa se necesita la completitud de la acción a través de los dos personajes: Jerry quema la cola de Tom y, seguidamente, el pobre gatito sale volando haciendo caras diversas) El hallazgo marketinero de la industria editora ha consistido en entender que lo que sorprende no son tanto las preguntas, no importa tanto inquirirse sobre el salario de Messi, el rol del aborto en la criminalidad o el precio de un auto usado, sino que el chiste está en responder, de forma amena y para el público amplio, con el enfoque microeconómico que enseñaron y fomentaron Jevons, Dupuit, Marshall, Pareto, y tantos otros.
Desde ya que las propuestas freaks son divertidas, amenas y uno agradece pasar un buen momento de lectura. Sin embargo lo que quiere remarcar que lo “sorpresivo” y “raro” no es el enigma en sí, sino más bien el abordaje elegido. Cualquiera que haya enfrentado un curso inicial de microeconomía se siente aturdido y atrapados por el enfoque de esta disciplina (¡qué más enigmático y freak que la elección racional entre manteca y cañones!) El impacto y la gracia se logran con la completitud del planteo: para generar intriga se necesita la pregunta “rara” y la respuesta (“¿rara?”) de la microeconomía clásica. (Esto es igual que un gag en la Comedia del Arte, para generar risa se necesita la completitud de la acción a través de los dos personajes: Jerry quema la cola de Tom y, seguidamente, el pobre gatito sale volando haciendo caras diversas) El hallazgo marketinero de la industria editora ha consistido en entender que lo que sorprende no son tanto las preguntas, no importa tanto inquirirse sobre el salario de Messi, el rol del aborto en la criminalidad o el precio de un auto usado, sino que el chiste está en responder, de forma amena y para el público amplio, con el enfoque microeconómico que enseñaron y fomentaron Jevons, Dupuit, Marshall, Pareto, y tantos otros.
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